|
Cazamigrantes
por Claudia E.Smith
|
Cuando se puso en marcha
el Operativo Guardián, voceros de la Patrulla Fronteriza dijeron:
“eventualmente nos gustaría ver a todos los migrantes en el
desierto”. Cinco años más tarde, casi se cumple tal deseo.
Entre las repercusiones de dirigir el flujo migratorio fuera
de California, está que cientos (si no miles) de indocumentados
han sido detenidos a punta de pistola por los hermanos Barnett
y los demás rancheros con fama de “cazamigrantes” en Arizona.
Esto, pese a que no está permitido recurrir a la fuerza mortal
contra intrusos si el delito consiste simplemente en pasar
por tierras ajenas. Afortunadamente, y no gracias a las autoridades,
todavía no ocurre una tragedia.
No sólo pecó de ambivalente
la actitud de la Administración Clinton ante la situación,
cada vez más explosiva, cerca de Douglas. Durante la Reunión
Bilateral, celebrada en Washington a mediados del año pasado,
altos funcionarios estadunidenses prácticamente aprobaron
la conducta de Barnett y compañía. Ciertamente, los titulares
que aparecieron en varios periódicos: “Estados Unidos condena
la actividad vigilante”, eran alentadores. Pero las notas
sobre la reunión aclaran que el compromiso de frenar a los
rancheros sólo se refiere a las carreteras, donde particulares
han llegado al extremo de parar vehículos y bajar de ellos
a supuestos indocumentados. Tocante a los arrestos que los
rancheros realizan dentro de sus propiedades, la entonces
Comisionada de Inmigración sostuvo que eran válidos, dado
a que constituían una respuesta a la ofensa de atravesar los
ranchos sin permiso. Dudo que sean válidos. Para serlo se
requieren agravantes, y típicamente no se dan en el caso de
migrantes, o sea personas que intentan cruzar la frontera
desapercibidas.
En cierta forma, es comprensible
que la entonces Comisionada Meissner se identificara públicamente
con la frustración de los rancheros por el creciente tráfico
migrante en Arizona y por los daños materiales (cercas arruinadas,
etcétera) que eso implica. Al fin y al cabo, era un año electoral.
Sin embargo, lo que motiva a los hermanos Barnett va más allá
de hacer respetar sus derechos de propiedad. Hablar de sí
mismos como “custodios” del país y describir a los indocumentados
como “cucarachas en la noche” demuestra su dosis de megalomanía,
y un componente considerable de racismo.
Por otro lado, fue irresponsable
que la Comisionada Meissner rechazara categóricamente que
los rancheros estén cometiendo delitos. Increíblemente, se
limitó a calificar los incidentes en las vías públicas como
“poco aconsejables” -- negándose a usar la palabra “ilegal”,
incluso en este contexto. Aparte del uso ilegal de las armas,
se me ocurren varios probables delitos por parte de los rancheros,
comenzando con tomar la ley de inmigración en sus propias
manos. Ni los cuerpos policíacos locales están autorizados
para arrestar a alguien por el mero hecho de estar ilegalmente
en el país. Únicamente agentes de inmigración pueden hacerlo.
De no ser así, cualquiera con rasgos mexicanos estaría bajo
aún mayor amenaza de ser acosado por dondequiera. Y la declaración
de los hermanos Barnett, en el sentido de que la Patrulla
Fronteriza no deja de “felicitarlos” por capturar (o bien
cazar) migrantes, me hace sospechar extensa complicidad entre
los rancheros y la “migra” para esquivar estos límites. Otro
delito: se reporta que los rancheros se hacen pasar por agentes
de inmigración, portando camuflaje con insignias que dicen
“Ranch Patrol”.
Según la Comisionada Meissner,
la solución al problema de la inmigración ilegal está enteramente
en México: desde ese lado se debe combatir más agresivamente
a los llamados polleros. En comparación, aseguró orgullosamente,
su país tiene presos a más de 2 mil traficantes de indocumentados.
Cabe señalar que los nuevos operativos de control fronterizo
han hecho indispensables a los polleros. Considerando que
el “pollerismo” se ha vuelto toda una industria (ni hablar
de los enormes recursos con que la comisionada cuenta para
detectar al contrabando humano), la cifra de 2 mil parece
en verdad modesta. Claro, la mayoría de los 2 mil presos son
guías y conductores -- no cabecillas.
Cuando Estados Unidos también procese
penalmente a 2 mil empleadores de indocumentados, tendrá más
autoridad moral para reclamar. La verdad es que no existe
la voluntad política para privar a nuestras industrias clave
de su mano de obra más barata y desechable: los migrantes.
Y me pregunto, ¿cuánta autoridad moral puede tener un país
mientras insiste en canalizar a los migrantes hacia los lugares
más remotos y peligrosos, donde se registra un saldo de al
menos un migrante muerto al día, mayormente en el desierto?
|